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Pan y Rosas en papel
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2008
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Pan y Rosas Nº 8
Jueves 4 de diciembre de 2008 LA HISTORIA TIENE EJEMPLOS PARA EL PRESENTE ¡Alguien tiene que ser la primera!
En el siglo XXI la participación de las mujeres en los sindicatos sigue siendo un tema de discusión y, aunque todavía persisten fuertes prejuicios, desde el nacimiento mismo de la clase obrera las mujeres estuvieron presentes en los momentos decisivos. No importa si la huelga era de obreras textiles o camioneros, en el norte o en el sur, siempre fueron y son los mismos los que más le temen a las mujeres organizadas: la burocracia sindical y los patrones. Los "caballeros con pollera" A fines de 1800, los sindicatos en Estados Unidos sólo permitían la afiliación de varones blancos, dejando por fuera a quienes trabajaban casi siempre en los peores lugares: mujeres, negros e inmigrantes. En estos años una organización llamada Los Caballeros del Trabajo se propuso organizar a las mujeres y de esta manera empezaba una larga pelea que sería continuada por organizaciones combativas y partidos de izquierda. Con la idea de que clase obrera era una sola, los Caballeros del Trabajo organizaban a un sector importante de la vanguardia obrera, con métodos combativos de lucha y organización. Pero los Caballeros no se limitaron a alentar la participación femenina: pelearon por la organización independiente de las mujeres trabajadoras, lo que permitió el desarrollo de grandes figuras dirigentes. Esto era toda una novedad y por supuesto en la práctica hubo avances y retrocesos. Pero lo que inclinaba la balanza era la política explícita de organizar a las mujeres y a pesar de todos los problemas que existan, a fines de 1880, fue una mujer la que encabezó una de las seccionales más importantes (Chicago). La Asamblea de 50.000 participantes (varones y mujeres) fue presidida por Elizabeth Rodgers de casi 40 años y madre de diez hijos. Elizabeth contó que: "Mi esposo siempre creyó que las mujeres debían hacer cualquier cosa que quisieran (...) pero nunca creyó que me iría tan bien como Master Workam [dirigente]. Fui la primera mujer en unirme a los Caballeros en Chicago. Nos ofrecieron la oportunidad, y me dije a mí misma, ‘Alguien debe ser la primera, y así me decidí’". Las 50.000 afiliadas de los Caballeros llegaron a ser el 10% de todos los miembros de la organización. A fines del siglo XX, los Caballeros eran perseguidos y reprimidos, sin embargo, habían ganado una batalla importante: la central obrera oficial debió aceptar la afiliación de las mujeres. La huelga de "Pan y Rosas" A principios del siglo XX ya nadie podía negar que las mujeres eran una parte importante de la clase obrera y su determinación a la lucha no podía ser ignorada. En 1908 las obreras del vestido de Chicago lanzaron la campaña por la reducción de la jornada laboral; en 1909 las "niñas obreras" textiles conmovían a Nueva York con su gran huelga de los "piquetes móviles" dirigida por Clara Lechmil, la huelguista más "vieja" de 23 años. Mucho más conocida fue la huelga textil que terminó en tragedia con el incendio de la Triangle Shirtwaist Company provocado por la patronal. En Lawrence (EE.UU.) en 1912 las obreras textiles empezaron una huelga por aumento de salario y reducción de la jornada, pero también peleaban por su derecho a tener una vida digna, allí pintaron la primera pancarta que decía "Queremos el pan, pero también las rosas". La IWW lleva adelante medidas novedosas como las reuniones de niños y niñas del sindicato, donde les explicaban por qué sus padres y madres estaban en huelga, para contrarrestar la propaganda antihuelga de la escuela, la prensa y otros sectores contrarios. Otra medida importante, y que logró la repercusión nacional de la huelga, fue la de enviar a los hijos de huelguistas a otras ciudades, para cuidarlos de la represión y que sus madres pudieran participar más en la huelga sin la preocupación de la seguridad de sus hijos. Pero cuando estaba por salir el segundo tren con cientos de niños y niñas, la policía arremetió contra la gente y esto terminó llevando la huelga de Lawrence a la primera plana de los diarios más importantes del país. Las obreras de Lawrence ganaron. Pero no sólo fue importante su triunfo, también mostró el protagonismo decisivo de las mujeres y probó la enorme creatividad obrera que, organizada democráticamente, se despliega de manera impensada. Ya no soy una sola La historia de la clase obrera está llena de estas pequeñas historias, que son solamente una parte de la enorme participación de las mujeres, que como vemos todos los días no necesitan permiso de nadie para organizarse y luchar. Las mujeres que levantaron los piquetes móviles en 1909, las que organizaron las reuniones de discusión sindical, las guarderías y comedores colectivos, todas ellas transformaron su vida y la de sus compañeros. De repente las amas de casa formaban la seguridad de los piquetes, las que trabajaron en silencio durante años pasaron a ser oradoras en los comités de huelgas, las que antes habían tenido que agachar la cabeza ahora organizaban un sindicato, las enfermeras montaban y dirigían un hospital para huelguistas... De repente dejaron de ser individuos para convertirse en parte de un todo: ya no apoyaban la lucha de otros, ahora esta era su lucha.
Los hijos de las trabajadoras marchan apoyando la huelga Historia
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La agrupación de mujeres Pan y Rosas se formó a partir del Encuentro Nacional de Mujeres del 2003, en la ciudad de Rosario,
con compañeras del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) y estudiantes y trabajadoras independientes,
que participamos unitariamente en aquella oportunidad, planteando la lucha por el derecho al aborto y los derechos de las mujeres trabajadoras.
Pan y Rosas considera que la lucha contra la opresión de las mujeres es, también, una lucha anticapitalista,
y que por eso, sólo la revolución social encabezada por millones de trabajadoras y trabajadores en alianza con el pueblo pobre y todos los sectores oprimidos
por este sistema, que acabe con las cadenas del capital, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres.
Escribínos a panyrosas@pyr.org.ar |
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